Mis queridos Amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera hablando de algo que parece simple pero no lo es.
Hoy no vengo a hablar de estrellas, ni de galaxias, ni de agujeros negros. Hoy vamos a hablar de algo más inquietante.
En este momento hay algo viajando lejos de la Tierra, muy lejos. Tan lejos que la luz, lo más rápido que existe, tarda casi un día completo en
alcanzarlo y pronto llegará a la marca de un día luz de distancia (25,902,068,000 km). No es una estrella. No es un planeta. Es la Voyager 1.
La mítica sonda lanzada en 1977 que, además de llevar instrumentos de medición, lleva junto a su gemela la Voyager 2 el famoso Golden
Record. Ese disco de oro que contiene información sobre nosotros, saludos en 56 idiomas, sonidos de la tierra, nuestra ubicación en relación
a los púlsares cercanos al Sol, si alguna especie tiene la capacidad de viajar por el espacio tendrá la capacidad para ver nuestros datos y
entenderlos, además, carga con fotos y nuestra alma: la música.
Dato curioso, lleva una canción mexicana: El cascabel de Lorenzo Barcelata, por cierto, Jaime Muñoz Vargas lo comenta en su Blog
Rutanortelaguna. La famosa sonda lleva una velocidad de 17 Km/s equivalente a 61,000 km/h, una locura de velocidad, y sigue siendo
insignificante comparada con la de la luz 300,000 Km/s.
Es el objeto creado por el hombre más lejano de casa. Déjame ponerlo de otra forma. Si hoy le mandamos una señal, esa señal llegará
mañana y sí responde nos enteramos hasta pasado mañana. Hablar con ella es una conversación de dos días.
Por ahí se me viene a la cabeza un cuento de Woody Allen, donde los protagonistas juegan ajedrez por correspondencia (The Kugelmass
Epidsode). Algo así es la comunicación con la Voyager. Aquí esto deja de ser ingeniería y se vuelve algo más humano. Porque seguimos
hablándole. Seguimos mandando instrucciones. Seguimos escuchando algo que ya vive en un lugar donde el tiempo no se siente igual. No es
que esté lejos, está en otro ritmo. Voyager 1 está a meses, de acuerdo con información de la NASA en noviembre del 2026 lo hará.
En los 49 años que lleva la sonda nos ha mostrado muchísima información que nos ha ayudado a comprender un poco más el universo, Nos
mostró que los gigantes gaseosos Júpiter, Urano y Neptuno también tienen anillos, entre muchísima información más.
Cada dato que recibimos de ella es pasado. Cada instrucción que enviamos es un acto de fe. Y sin embargo, ahí vamos. Insistiendo.
Porque esa nave no es solo una máquina. Es una idea. Una muy terca. La idea de, aunque el universo sea inmenso, frío y silencioso no
vamos a quedarnos quietos Tal vez nadie escuche. Tal vez nunca haya respuesta.
Pero eso nunca fue lo importante para nosotros, lo importante siempre fue que una parte de nosotros ya cruzó el borde del sistema solar y
hoy se encuentra en el espacio interestelar. Y no va a volver.
Si esto no te hace sentir algo, entonces hay que replantearse las cosas.
¡Gracias por tus comentarios!
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Comentarios
Lleva información como un “acto de fe”, y si un día alguien o algo la encuentra, ¿qué fase de la paradoja de Fermi preferirías?