Perseverance: Una palabra más fuerte que la gravedad

Publicado el 23 de abril de 2026, 10:58

Mis queridos Amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan. Muchas gracias por sus

comentarios y preguntas. Mi agradecimiento a Fernando Galarza por sus preguntas y por la pasión que compartimos por el universo.

Hoy no vamos a hablar del Artemis II, ni de volver a la luna ni de velocidades que rompen nuestra comprensión. Hoy vamos a hablar de una

palabra. Una palabra que cruzó el espacio antes que nosotros. Una palabra que no mide kilómetros, una palabra que mide carácter:

Perseverance.

Perseverance es el nombre del último Rover que mandó la NASA a Marte. El 30 de julio de 2020 despegó de cabo cañaveral. Se aprovechó

una ventana de lanzamiento a Marte, sino era en esa fecha debían esperar 2 años más. El espacio también tiene horarios y no perdona la

impuntualidad. Hay casos, como cuando lanzaron las Voyager, que se deben aprovechar las alineaciones de los planetas, en ese caso

específico era una ventana que sólo se repite cada 176 años, por cierto, luego seguiremos platicando de esa mítica sonda que para mí es una

de las más importantes, no exagero al decir que la llevo tatuada y que no me deja de impresionar cada vez que leo algo sobre ella. En el caso

del Perseverence se debía esperar a que Marte y la tierra estuvieran muy cerca para que pudiera ser un viaje de 7 meses, así se ahorró

combustible y tiempo. Perseverance podrá no ser una palabra elegante para un nombre propio, no es poético en el sentido clásico. No tiene la

belleza de “Odyssey” ni la épica de “Voyager” pero tiene un tinte muy humano.

Para nombrar a la sonda la NASA abrió en su página una convocatoria donde postulaban algunos nombres sugeridos. Ahí entramos los

aficionados para sentirnos parte de la misión. Cooperamos votando por los nombres que nos hacían ruido en la cabeza y con la ilusión, muy

ingenua y muy hermosa, de que, si fuera escogido, podríamos comentar sobre cómo ayudamos a la NASA a nombrar la sonda y ser parte de

algo gigantesco. Por cierto, la foto del post es el recuerdo de que sí voté por el nombre ganador. Lo atesoro como guardar un boleto de

concierto, tal como guardo los boletos de entrada cuando fui a ver a Paul McCartney, sabiendo que no estuve en el escenario, pero sí en el

momento en que sucedió.

Recuerdo que se transmitió en vivo, por decirlo de alguna forma, tomando en cuenta que había un desfase de 20 minutos

aproximadamente. Lo que tardan las ondas de radio viajando a la velocidad de la luz entre los dos planetas. En esa ocasión vi con mi familia

la transmisión de la NASA, algo similar a la del Artemis II. La emoción de cómo la tecnología humana lograba paso a paso el proceso de llevar

otro Rover a Marte. Cuando confirmaba con fotos cada paso. Cuando Percy, apodo cariñoso para el Perseverance, dio señal de vida,

comprobando que amartizó correctamente y estaba listo para recibir instrucciones del laboratorio de propulsión a chorro (JPL, ubicado en La

Cañada Flintrige, cerca de Los Angeles, USA), fue una experiencia muy emocionante.

Llegar a Marte no es una hazaña de inteligencia. Es una hazaña de insistencia. Ese rover que hoy recorre el cráter Jezero no está ahí porque

supimos cómo hacerlo desde el principio. Está ahí porque fallamos y fallamos y volvimos a intentar. Porque calculamos mal y fallamos y

corregimos. Porque nos estrellamos y aprendimos de eso. Porque no nos rendimos. Perseverance aterrizó en un lugar que alguna vez fue un

lago. Un sitio donde el agua, ya ven que tenemos esa obsesión cósmica de buscar agua, dejó huellas en forma de delta, sedimentos, de

historia comprimida en roca. Y ahí está, taladrando el pasado.

No buscando vida como en las películas. Buscando rastros más sutiles. Explorando la posibilidad de que la vida no sea especial. La

posibilidad de que no seamos únicos. Y mientras lo hace, guarda muestras. Pequeños cilindros de polvo y piedra que, en unos años, podrían

regresar a la Tierra. Hay que imaginar por un momento. Rocas de otro planeta en nuestras manos. Eso es una locura. La historia petrificada

de otro mundo en nuestros laboratorios. Comparto esa pasión de asombro con mi buen amigo Alain Estrello, no solo de los logros

tecnológicos espaciales, sino de sorprendernos cuando admiramos hasta monedas romanas, ptolomeicas, es impresionante tener en la

mano algo que fue acuñado hace 2000 años. Ahora pensar en tener rocas marcianas en las manos. Es algo que mucho tiempo fue

impensable, me emociona mucho esa idea.

Eso ya no es ciencia ficción. Eso ya empezó. Y como si fuera poco, Perseverance no llegó solo. Trajo consigo un pequeño gran acto de

rebeldía científica: un helicóptero. El Ingenuity. Sí, !Un helicóptero! Un objeto que hizo lo que hace apenas unas décadas sonaba absurdo: volar

en otro planeta. Como los hermanos Wright pero en Marte. En un aire más delgado, con otra densidad, con otra gravedad. Esto es un reto más

difícil. Eso sí. La misma terquedad. Porque eso somos. Unos tercos. Una especie que le encanta buscar patrones, incluso donde no hay.  Una

especie que no se define por lo que sabe sino por lo que insiste. Por eso al ser un nombre que no fue elegido en un comité encerrado en una

sala. Que lo eligieron personas como tú y como yo.  Personas que, sin traje espacial, sin entrenamiento, sin estar en Houston decidimos

apostar por una idea. Por una palabra. Y hoy, cada vez que alguien dice: “Perseverance encontró algo en Marte” ahí estamos esas personas

de a pie. Invisibles a la ciencia, pero presentes. Explorar el universo nunca ha sido tarea de unos cuantos genios.

Siempre ha sido un acto colectivo de fe racional. Creer que vale la pena mirar, creer que vale la pena intentar. Creer que, aunque fallemos

siempre nosotros lo intentamos. Volvemos a la Luna. Vamos a Marte. Mandamos sondas fuera del sistema solar, mandamos sondas a

Saturno, tocamos asteroides. Regresamos a los lugares donde alguna vez fuimos imposibles. Porque no sabemos hacer otra cosa. Hay una

reflexión del Dr. Miguel Alcubierre donde comenta que como especie, es nuestra responsabilidad buscar la vida y si no la encontramos fuera,

es nuestra responsabilidad no permitir que se extinga aquí en la tierra. Porque la tierra, nos guste o no, queramos o no, tiene fecha de

caducidad. Porque somos, en el fondo, una especie profundamente terca. Y menos mal. Porque si el universo tiene algún secreto que valga la

pena, estoy seguro que no se lo va a revelar a los que se rinden.

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Comentarios

Alain Estrello
hace 6 horas

Aquí un aficionado más maravillándose del universo.
...gracias por la mención.