Mis queridos Amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera. Hoy no voy a reportar las noticias que sí importan.
Hoy quiero hablarles de algo muy personal. Un recuerdo y algo sobre un tuit que me acercó a un universo muy peculiar.
Recuerdo muy bien cuando, por allá de 1983, mi papá me llevó al estreno de El retorno del Jedi en el cine Comarca 2000, aquí en Torreón. Yo tenía 7 años.
Cuando vi esa película algo detonó en mi, por un lado una gran pasión por el cine y por otro mi gran afición por Star Wars. Mi fascinación por el espacio empezó a crecer y gracias a esas aventuras increíbles, se plantó en mi la idea ingenua de que viajar entre las estrellas era algo cotidiano. Yo ya sabía que el hombre había llegado a la Luna, pero no entendía lo que eso realmente significaba. No sabía qué tan lejos está Marte, ni lo absurdo que era siquiera pensar en viajar a otra galaxia. Para mí, todo eso estaba a nuestro alcance.
Como cualquier niño, esperaba ansiosamente para ver los juguetes. Tendrían que ser geniales. Sin embargo tardaron en llegar al terruño. No fue inmediato. Cuando por fin llegaron a la Soriana, se acercaba la navidad. Entonces mis cartas a Santa fueron directas, a quemarropa. Quiero toda la colección de Star Wars. Así. Sin piedad le pedí al viejo barbón.
No imagino la cara de Santa leyendo eso. Yo sé que hizo lo que pudo con lo que tuvo. Me trajo una nave imperial, la de Darth Vader, mi personaje favorito que fue interpretado por el actor británico Dave Prowse. El detalle fue que la nave venía sin Darth Vader. En su lugar, venía un Ewok. Es importante comentarles que en aquellos años los juguetes venían sin baterías, además, el día 25 de diciembre todo, absolutamente todo estaba cerrado. Tuve que esperar hasta el 26 para pedirles a mis papás que me compraran pilas y usar mi nave como Dios manda. Desde ahí fue difícil acercarme a Darth Vader. Y nunca lo tuve de niño.
Pasaron los años. Llegaron mis hijos. Y como buen padre, ligeramente autoritario en temas importantes, los obligué a ver todo lo que existía de Star Wars. Los llevé a cada estreno de las nuevas películas que salían. No importaba que eran entre semana y a las 12:00 am. A veces ni siquiera me acompañaba mi esposa. Solo yo y mis hijos.
Fue la más pequeña, Farah, quien hizo algo inesperado. Se encariñó con Darth Vader. Le decía “Tata”, porque tarareaba la música cada vez que aparecía. Ese gran tema, la marcha imperial. Esa música, que anunciaba con elegancia y terror, que Vader entraría en escena pronto.
La recuerdo una noche que la arropé para dormir. Estaba abrazando una figura de Vader de unos 30 centímetros. Y, claro, yo como papá orgulloso le tomé una foto.
Para ese entonces ya existía Twitter. Y como muchos, caí en esa falsa ilusión moderna: pensar que seguir a alguien es estar cerca de él. Y sí, pero no. Actores, escritores, científicos, todos están ahí, a un mensaje de distancia.
Así que hice lo que millones hacen, esperando, de alguna forma, no ser uno más. Le mandé la foto a Dave Prowse. Entonces esperé. Después hubo puro silencio, de ese, del más pesado. Así pasaron los días y nada. Me di cuenta que entre los miles de seguidores habría miles de mensajes, sería improbable que leyera el mío. Mi esperanza estaba casi desintegrada.
Hasta que un día apareció una respuesta: “What’s your daughter’s name?” Así. Sin agua va. Frío como el lado oscuro. No podía dejar de leerlo con la voz que tenía en la película, que por cierto no era la de él. En post producción George Lucas cambió su voz por la icónica voz de James Earl Jones. Para mí fue como si Darth Vader me hubiera invitado al lado oscuro."Join me..." escuchaba en mi cabeza. Claro que le contesté de inmediato con una emoción de niño. Y otra vez silencio. Para mí eso ya era una gran hazaña un acercamiento al mismísimo lado oscuro de la fuerza. Pensé que ahí había quedado la cosa. Que había sido ese pequeño gran destello. Pero no. Días después, ocurrió algo que todavía hoy me hace sonreír y me vuelve a ilusionar como cuando fui aquella tarde-noche con mi papá a ver El retorno del Jedi. Dave Prowse publicó la foto de mi hija con una frase que, en ese momento, lo dijo todo:
“No Barbie dolls for little Farah de la Fuente. Parenting done right.”
De niño, nunca tuve a Darth Vader.
Pero la vida, de una forma muy extraña me terminó acercando a él. No como yo lo esperaba. Millones de años luz mejor.
¡Gracias por tus comentarios!
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