Marte: el único planeta habitado por robots

Publicado el 6 de mayo de 2026, 22:54

Mis queridos Amigos de Newton.
Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.

Hay una idea que siempre me ha llamado la atención y me parece asombrosa. Marte es el único planeta habitado exclusivamente por robots. De entrada, eso debería parecernos increíble.

En este instante, mientras estás leyendo estas líneas, existen máquinas moviéndose lentamente sobre otro planeta. Máquinas construidas por seres vivos que a partir de muchísimos años de evolución tomaron conciencia de sí mismos y en algún punto de su existencia se preguntaron qué más hay fuera de nuestro planeta.

Durante miles de años Marte ha sido apenas un punto rojizo en el cielo. Un dios de la guerra. Esa luz inquietantemente roja que aparecía algunas noches sobre nuestras cabezas y se movía por el cielo. Recuerden que la palabra planeta viene del griego y significa errante o vagabundo.

Cuando llegaron los telescopios, las historias de canales marcianos y la imaginación se desbordó para alimentar la ciencia ficción. Qué gran paradoja. El planeta que creíamos repleto de marcianos terminó habitado primero por inteligencia creada por los humanos.

Hoy sabemos que Marte alguna vez tuvo ríos, lagos y océanos enteros. Sabemos que el agua recorrió su superficie durante millones de años. Conocemos los procesos geológicos que formaron su topografía y sabemos que pudo haber tenido condiciones para la vida. Por eso seguimos enviando exploradores.

Aunque la palabra “robot” se queda corta. Porque el Perseverance, Curiosity o aquel entrañable Opportunity, que por cierto tuvo un final casi poético, cuando nos dijo “Mi batería está baja y se está haciendo de noche”, para luego no volver a contestar jamás, no son solo máquinas.

Son una especie de extensión mecánica y electrónica de nuestra curiosidad. Son nuestros pies, ojos y oídos explorando otro mundo. Nuestros instrumentos olfateando y taladrando rocas extraterrestres en busca de huellas de vida. Esos embajadores mecánicos caminando sobre un desierto que ningún ser humano ha pisado jamás. Insisto, hay un aire poético en todo esto. Marte está vacío, pero no está solo.

Sus llanuras silenciosas tienen marcas de ruedas y por ahí se pasean nuestras cámaras tomando amaneceres, nuestros micrófonos escuchando el respiro del planeta y antenas apuntando hacia casa. Por cierto, hay un monte marciano llamado Rafael Navarro, es un homenaje al célebre astrobiólogo mexicano por su contribución en la misión Curiosity.

Nos llegamos a encariñar tanto con estas máquinas porque representan nuestra necesidad de explorar. Antes cruzábamos ríos, luego océanos.
Hoy cruzamos el vacío del espacio. Y aunque todavía no hay ciudades o personas caminando sobre Marte, sí existe ya una presencia humana indirecta.

Es una presencia hecha de aluminio, titanio, circuitos, paneles solares o baterías nucleares. Eso convierte a Marte en un lugar muy especial: un planeta donde las únicas criaturas activas son robots enviados desde otro mundo. Eso suena exactamente al tipo de futuro que imaginaban los escritores de ciencia ficción de los siglos pasados. La diferencia es que ese futuro ya está ocurriendo. (AFT)



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