Volver al Futuro, la relatividad y las patinetas que nunca llegaron

Publicado el 13 de mayo de 2026, 01:04


Mis queridos Amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.

Hoy quiero escribirles desde mi infancia tardía. Existen películas que solamente te entretienen y hay otras que se instalan en nuestra imaginación y memoria.

Ya les he contado sobre mi pasión por Star Wars. Hoy les quiero hablar sobre otra saga que también me marcó. Este gusto lo he compartido durante años con mi gran amigo y compadre Toño Carrillo, autoridad indiscutible en la saga de Volver al Futuro.

Recuerdo con mucha nostalgia y cariño cuando fuimos a ver Volver al Futuro II al extinto cine Torreón por aquel lejano año de 1989. Ese día nos fuimos en un camión de ruta llamado Campo alianza. Esa tarde salimos del cine con la imaginación inflamada. Nos quedamos pensando en todas las cosas que nos esperarían en el futuro. Dimos por cierto que todo lo que acabábamos de ver en la película existiría sin ningún problema.

Aquella saga que se estrenó en 1985 nos hizo creer que un auto podía romper las leyes del tiempo con un poco de plutonio, un capacitor de flujo y 88 millas por hora, no más, no menos.

Claro, científicamente eso es una locura maravillosa. Aunque detrás de esa locura hay una idea real de la física moderna que a veces es difícil de comprender. El tiempo no es tan rígido como creemos.

Generalmente pensamos que el tiempo es universal y que un segundo aquí es igual en cualquier parte del cosmos. Como si el reloj del universo avanzara parejo para todos. Pues resulta que no.

Según la relatividad especial de Einstein hay algo muy extraño. Mientras más rápido te mueves, más lento transcurre el tiempo para ti respecto a los demás. Esto no es una especulación. Es una realidad y está demostrado experimentalmente.

Los satélites que manejan los GPS orbitan a velocidades muy altas y deben corregir esos efectos relativistas constantemente, si no lo hacen los GPS estarían desfasados y nos terminarían dando ubicaciones con errores de kilómetros.

Como siempre la realidad es más extraña que la ciencia ficción. Y bueno, llegar a 88 millas por hora no tiene nada de especial. Mi querido Doc Brown habría descubierto eso rápidamente en la autopista Torreón-Saltillo. Es más, antes, por Matamoros.

Lo importante no era la velocidad del DeLorean sino la fantasía detrás de la idea de querer regresar. Me refiero a regresar a corregir errores. A volver a ver personas, a tratar de entender a nuestros padres cuando eran jóvenes y cambiar aquellas malas decisiones que tomamos algún día. A lo mejor por eso sigue funcionando cuarenta años después.

Volver al futuro II imaginó un 2015 lleno de videollamadas, del uso de lentes inteligentes, pantallas gigantes, casas automatizadas y vaya que todo eso es ahora muy normal para nuestros niños, pero muy sorprendente para nosotros, los niños de aquel tiempo.

Mi generación soñó patinetas flotantes que seguimos esperando. Ahora terminamos aprendiendo otros idiomas hablando con inteligencias artificiales desde un teléfono que llevamos en la bolsa y que tiene más poder de cómputo que toda la NASA en los años 60.

Eso debería parecernos increíble todos los días, pero casi nadie se detiene a pensarlo.

Creo que la escena más poderosa nunca fue el rayo cayendo sobre la torre del reloj. Por cierto, tuve la oportunidad de llevar a mis hijos cuando eran pequeños a ese famoso tour en los Estudios Universales, y mientras todos mirábamos emocionados el DeLorean, yo pensaba cómo Marty Mcfly descubrió que sus padres alguna vez fueron jóvenes, inseguros, torpes y llenos de sueños.

La ciencia nos dice que viajar al futuro técnicamente es posible gracias a la relatividad. El problema sería volver. Ahí es donde la física nos pone trabas.

Quién sabe hasta dónde nos lleve la tecnología, pero tal vez, aquí parafraseo un poco al Doc Brown, descubramos que a donde vamos no vamos a necesitar caminos. (AFT)




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Este proyecto no sería posible sin aliados que. como yo creen que entender el universo no es un lujo.

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