Mis queridos Amigos de Newton.
Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.
Muchas gracias por sus cometarios y dudas, recuerden que se pueden suscribir para recibir la cápsula del día por email. Hoy les platico un poco sobre la nostalgia de los primeros acercamientos a las cosas que nos gustan y sobre cómo los artículos científicos se van actualizando.
Hay un blog lagunero que visito frecuentemente. Se llama Ruta Norte Laguna, es de mi querido amigo y maestro Jaime Muñoz Vargas, gran escritor lagunero. En su blog leí un texto titulado En un lugar de la cancha: lectura y fútbol. Jaime titula su texto parafraseando el inicio del Quijote. Es muy acertado, ya que habla sobre los inicios de su pasión por la lectura y por el fútbol. Me consta cómo esos dos gustos le han trazado una gran ruta en su vida. Se los recomiendo mucho.
Me hizo pensar en esos libros que de niño llegaron a mis manos y que, al igual que a muchos, nos detonaron algo. Curiosidad, tal vez.
Recuerdo que lo primero que hacía cuando llegaba a una casa ajena era ir al lugar donde tenían los libros. Tengo muy presente que una vez fui a casa de mi tía Mary Trasfí y tenía una enciclopedia. Yo estaba maravillado hojeando uno de esos tomos que hablaban sobre los entonces nueve planetas. Ahora son ocho, porque Plutón ya no es considerado planeta, sino planeta enano o plutoide. Vaya que ha sido controversial esa degradación al pobre Plutón.
Ese día estaba leyendo sobre Júpiter y ahí mencionaban que anteriormente se creía que la gran mancha roja debía tratarse de una montaña gigantesca que hacía que los gases giraran en torno a ella. Esa era la explicación con la que alguna vez intentaron comprender aquel fenómeno. Hoy sabemos que además de ser muy grande, podrían caber varias Tierras en ella, es un anticiclón formado principalmente por hidrógeno y helio. Es algo así como un huracán y sus vientos pueden llegar a los 430 Km/h. Gira en sentido contrario a las manecillas del reloj y se encuentra en el hemisferio sur de Júpiter.
Estamos hablando que esos libros impresos antes de que la Voyager, que fue lanzada en 1977, nos permitiera conocer la verdadera naturaleza de la gran mancha roja y descubrir los anillos de Júpiter. Sí, amigos. Júpiter tiene anillos. También los otros gigantes gaseosos. Sólo que son mucho más tenues que los de Saturno y menos famosos. Seguimos teniendo a Saturno como la joya de la familia con su hermosa forma. Alguna vez Galileo pensó que los anillos eran brazos. Su telescopio primitivo no le permitía ver bien.
También tengo un pequeño librero que aún conservo de mi niñez. Ahora está en mi oficina. Es una herencia de mi papá. Era el librero de nuestra casa cuando yo era pequeño y ha estado ahí desde que uso la memoria. En ese mueble encontré un libro que ya era viejo, incluso en aquel entonces. Ahí se describían experimentos. La tabla periódica tenía sólo 104 de los 118 elementos que hay actualmente. El elemento 104 no tenía nombre aún. Recuerdo muy bien cómo explicaban el funcionamiento del rayo láser. Era una maravilla para mí tratar de entenderlo, aunque en realidad no entendía nada. El libro del que hablo es el que aparece en la foto del post. Creo que así empieza todo, con un poco de curiosidad. También me puse a recordar cuando mi papá llevó a la casa en 1986 un walkman Sony azul con audífonos color naranja. Cómo le agradezco a mi papá eso. Porque ese pequeño aparato azul lo cambió todo en mí. Escuchaba a Michael Jackson, Bangles, Van Halen y todo aquello que me prestaran. No niego que antes de eso pasé mis oídos por todos los vinilos de Viky Carr, José José, Juan Gabriel, Rigo Tovar y de Teresa, diría Jaime Muñoz. Con ese walkman hice mi primer acercamiento más personal a esa gran pasión que sigo disfrutando: la música.
Al final estamos compuestos de libros, memorias, películas, canciones, sentimientos, etc. Mucha de aquella información que venía en esos viejos libros hoy ya quedó rebasada. Las nuevas observaciones nos obligan a corregir, replantear y descubrir. Nos llevan por caminos que antes ni siquiera podíamos imaginar.
La ciencia tiene algo muy hermoso: cambia porque se actualiza. Antes creíamos que la Tierra era el centro del universo. Hoy sabemos que apenas es un punto pálido azul flotando en el mar interminable del cosmos.
Le agradezco mucho a Jaime su texto. Me hizo recordar esos primeros acercamientos a muchas cosas que hoy amo.
Amigos, les aseguro que ese tipo de textos pueden detonar nuevamente esa antigua y maravillosa capacidad de asombro que todo niño adulto tiene. Mi Abrazo.
¡Gracias por tus comentarios!
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