“Se me subió el muerto”: cuando el fantasma vive en tu cerebro

Publicado el 19 de octubre de 2026, 23:13

Mis queridos Amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.

Alguna vez les comenté que mi primer acercamiento a la literatura fue cuando me topé con El gato negro, de Edgar Allan Poe. Ahí comenzó mi afición por leer cuentos de terror y, poco después, por intentar escribirlos. Por suerte, no los conservo. El verdadero horror habría sido publicarlos.

Mi curiosidad por lo misterioso siempre ha estado ahí. Con el tiempo, la ciencia me ha ayudado a comprender algunos de esos fenómenos que parecen sobrenaturales, especialmente cuando nos toca vivirlos.

Hay uno que recuerdo haber experimentado y que seguramente varios de ustedes conocen por una expresión muy nuestra: “se me subió el muerto”.

El nombre, hay que reconocerlo, no ayuda mucho a conservar la calma. Pero ¿qué ocurre realmente en nuestro cerebro durante esa experiencia? ¿Por qué podemos sentir una presencia que parece tan real?

Para entenderlo hay que conocer una etapa del sueño llamada REM, siglas en inglés de Rapid Eye Movement, que traducimos como “movimientos oculares rápidos” o “movimiento rápido del ojo”. Durante esta fase tenemos muchos de nuestros sueños más vívidos. Además, el cerebro inhibe temporalmente gran parte de los músculos que movemos de manera voluntaria. A este mecanismo se le llama atonía fisiológica en el sueño REM y ayuda a evitar que representemos físicamente lo que soñamos. Imaginen salir corriendo cada vez que nos persigue un monstruo en un sueño. O que soñemos que el IMSS nos congela una cuenta.

En ocasiones, al despertar, recuperamos la conciencia mientras esa inhibición muscular todavía continúa. Percibimos que estamos en nuestra cama, intentamos movernos o pedir ayuda, pero el cuerpo aún no responde. Esa mezcla de vigilia y sueño se conoce como parálisis del sueño. También puede ocurrir mientras nos estamos quedando dormidos.

Durante esa transición pueden persistir imágenes, sonidos y sensaciones propios de los sueños. Podemos percibir una figura, escuchar algo o sentir una presencia junto a nosotros. Son alucinaciones relacionadas con el sueño. En pocas palabras, son experiencias que parecen reales aunque no correspondan a alguien que esté ahí. No todas las personas las experimentan, pero cuando aparecen pueden convertir la inmovilidad en una escena de terror.

Algunas personas también sienten que algo las oprime contra la cama. Entre la imposibilidad de moverse, esa sensación y el miedo, la expresión “se me subió el muerto” parece describir perfectamente lo ocurrido. El episodio puede durar desde unos instantes hasta varios minutos, hasta que recuperamos el movimiento.

Todavía se investigan los detalles de estas experiencias, pero conocemos su relación con el sueño. El miedo que sentimos es real, por eso la presencia que creemos percibir puede ser parte de ese breve encuentro entre estar dormidos y estar despiertos.

Por eso digo que, en este caso, el fantasma está en tu cerebro.He visto documentales que exploran cómo participa el cerebro en experiencias que algunas personas describen como religiosas o espirituales. Es un tema que despierta muchas preguntas y nos recuerda lo fascinante que es nuestra manera de percibir el mundo.

Conocer el proceso que produce una experiencia no borra lo que sentimos. Podemos reconocer el miedo, la sorpresa o el asombro y, al mismo tiempo, investigar qué sucede dentro de nosotros. Sentir algo y comprenderlo pueden ir de la mano.

Poe habría sabido aprovecharlo. Nuestro cerebro ya había escrito el cuento. En este caso, entenderlo no lo hace menos escalofriante.


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