Mis queridos Amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.
Hay finales que parecen escritos por guionistas y no por ingenieros. El final de la sonda Cassini es uno de ellos. Sabina diría que todos los finales son el mismo repetido, creo que mi gran amigo Daniel Lomas, al que saludo y abrazo con fuerza desde aquí, estará de acuerdo conmigo que no siempre son así.
El 15 de octubre de 1997 despegó de Cabo Cañaveral la misión Cassini-Huygens. Misión que tenía como propósito estudiar Saturno, sus anillos y sus lunas, donde Cassini era un orbitador y Huygens un módulo que descendería en Titán, una de las lunas de Saturno.
Los nombres fueron tomados de los astrónomos Giovanni Cassini (astrónomo italiano 1625-1712) y de Christian Huygens (astrónomo neerlandés 1629-1695) Me encanta que en la ciencia siempre, tarde o temprano, se reconoce a los científicos que contribuyen a los avances de la misma. Ya sea nombrando un asteroide, un cráter, una teoría o en este caso un orbitador y una sonda.
Durante casi veinte años una máquina que construimos viajó por el sistema solar hasta visitar Saturno. Tardó 7 años en llegar y lo hizo con asistencia gravitatoria de Venus, Tierra y Júpiter. En otra cápsula les explico exactamente de qué se tratan las asistencias gravitatorias que usamos para ahorrar energía y tiempo. Cassini orbitó a Saturno durante trece años. Vio tormentas gigantescas, husmeó con sus instrumentos entre los anillos y las lunas que parecían sacadas de Star Wars. Descubrió océanos ocultos bajo hielo en sus lunas, confirmó los mares de metano que predijo Carl Sagan y vio de cerca los géiseres de Encelado que disparaban agua hacia el espacio. Luego, un día, decidimos matarla. Suena cruel decirlo así, pero eso fue exactamente lo que ocurrió. Les cuento.
La NASA sabía que Cassini se estaba quedando sin combustible. Cuando una nave se queda sin combustible eventualmente pierde orientación, control y capacidad de maniobra. El problema era que alrededor de Saturno giran mundos extraordinarios como Encelado y Titán. Son lugares donde podría existir química compatible con la vida. Sobre todo el peligro de chocar sin control con alguna luna o con los anillos de Saturno y hacer un desmadre cósmico.
Es por eso que existen protocolos planetarios para evitar la ironía de buscar vida extraterrestre y terminar contaminándola o en este caso para no dañar tampoco los hermosos anillos de Saturno. La decisión fue amarga, terrible pero éticamente hermosa: Cassini debía desaparecer.
La fase final de la misión recibió un nombre casi de ópera: The Grand Finale. Durante semanas, Cassini realizó órbitas suicidas atravesando el espacio entre Saturno y sus anillos. Nadie había pasado antes por ahí. Era una región desconocida llena de partículas capaces de destruir una nave viajando a velocidades loquísimas.
Existen varios documentales donde se explica el procedimiento del final de Cassini. Recuerdo que me emocionó ver a los científicos que acompañaron la misión durante 20 años, primero en vídeos donde se veían jóvenes, algunos con pelo todavía. Hombres y mujeres que dedicaron gran parte de su vida a la sonda Cassini. En la primera etapa preocupados por su supervivencia y al final ocupados en su desintegración exitosa. Se veía su tristeza, como despedirse de un hijo que sabían que no volverían a ver. De ese tamaño es la relación con esos aparatos que son una extensión de nuestra curiosidad. Cassini mandó datos hasta el último momento. Tal como lo haría un explorador tomando notas mientras el barco se hunde.
El 15 de septiembre de 2017 comenzó su caída definitiva. Entró en la atmósfera de Saturno a más de 120 mil kilómetros por hora. Mientras descendía la fricción empezó a destruirla poco a poco. Sus pequeños propulsores intentaban desesperadamente mantenerla estable, nos decía que algo pasaba y mientras ella trataba de mantener la antena apuntando hacia la Tierra para seguir enviando información, el choque con la atmósfera de Saturno hacía lo suyo. Cassini hizo ciencia hasta el último segundo. Un rasgo humano en una máquina de metal que nosotros construimos.
La última señal tardó más de una hora en llegar a nuestro planeta. 83 minutos exactamente. Cuando en la NASA dejaron de escuchar a Cassini, la nave ya había desaparecido dentro de Saturno. En la sala de control hubo aplausos y muchas lágrimas.
Habíamos logrado enviar una sonda capaz de viajar miles de millones de kilómetros solo para respondernos cómo funcionan los anillos de otro mundo. A veces olvidamos lo verdaderamente extraña que es nuestra existencia. El universo creó las estrellas. A su vez las estrellas crearon los elementos, ahí nació el carbono. El carbono aprendió a preguntarse cosas.Y un día terminó lanzando sondas hacia Saturno.
No está mal para una especie que todavía discute en Facebook cosas que creen que importan. En fin, eso nos hace demasiado humanos. (AFT)
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