Mis queridos amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.
Hoy no voy a hablar de estrellas, telescopios ni naves espaciales. Hoy quiero hablar de una de las fuerzas más poderosas del universo: los padres.
Cuando pensamos en las grandes estructuras del cosmos imaginamos la gravedad. Esa fuerza invisible que mantiene unidos a los planetas alrededor de las estrellas y a las galaxias enteras durante miles de millones de años.
Con el tiempo he llegado a pensar que los buenos padres se parecen mucho a la gravedad. No siempre los vemos actuar. No hacen ruido. No suelen aparecer en las fotografías más importantes. Sin embargo, están ahí sosteniendo silenciosamente mundos enteros.
Mi papá, José Albino, ha sido para mí una de esas fuerzas invisibles. Me enseñó a trabajar desde muy joven. Compartimos jornadas largas, negocios que prosperaban y otros que no tanto, o nada. Lo vi caerse y lo vi levantarse. Despertarse temprano cuando nadie lo observaba y resolver problemas que yo ni siquiera alcanzaba a comprender. En aquel tiempo pensaba que simplemente estaba trabajando. Hoy entiendo que estaba construyendo algo mucho más importante para el: una familia.
Muchas de las historias que les cuento aquí comenzaron gracias a él. Los mercados que recorrí siendo joven. Las personas que conocí. Las experiencias que después se convirtieron en relatos. Incluso la curiosidad por entender cómo funciona el mundo. Todo eso tiene, de una forma u otra, sus raíces en aquellas etapas compartidas con mi papá.
La ciencia nos enseña que ninguna estrella nace sola. Siempre existe una nube de gas, polvo y circunstancias que hacen posible su existencia. Los seres humanos tampoco nacemos solos.
Somos el resultado de quienes nos enseñaron a caminar, a trabajar, a equivocarnos y a levantarnos. Por eso hoy quiero agradecer a mi papá. No porque sea perfecto. Ningún ser humano lo es. Sino porque hizo algo extraordinario siempre: estuvo ahí. A veces estar ahí es la forma más grande de amor.
Feliz Día del Padre a mi papá y a todos los padres que, como la gravedad, sostienen universos enteros sin pedir reconocimiento.
Por cierto, ese Challenger de juguete me lo regaló mi papá en un viaje que hicimos en 2020. Pudimos visitar New Mexico Museum of Space History, como verán también compartimos esa pasión por el cielo. El primer juguete del espacio que me regaló era un cohete, tenía yo unos 6 años, recuerdo jugar con él en la arena, simulando que la arena era el combustible.
Cuando nacieron mis hijos y me hice papá, me di cuenta del papel que debemos enfrentar. Ha sido muy difícil porque no hay instrucciones. Lo que sí sé es que todos hacemos lo que podemos con lo que tenemos. No sé si lo he hecho bien. Lo que sí sé es que cada día he intentado estar ahí para Paula, Farah y André, del mismo modo en que mi papá estuvo ahí para mí. Quizá, al final, esa sea la verdadera herencia que pasa de una generación a otra. Por ahí aparecen Farah y André. Paula no es fan de las fotos. (AFT)
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