Cuando el cielo se quebró: Recuerdos del Challenger

Publicado el 23 de junio de 2026, 11:40


Mis queridos Amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.

En México no se puede hablar de un 28 de enero así nomás. Inevitablemente uno recuerda aquella famosa canción donde dicen que esa fecha hiere. En este caso también hiere, pero por una razón muy distinta. Ese día el mundo presenció una de las tragedias más impactantes de la exploración espacial.

Aquel 28 de enero de 1986 íbamos a ver en la escuela el despegue del transbordador Challenger. La razón era que existía un programa llamado Teacher in Space Project (TiSP), promovido por el presidente Ronald Reagan. Su objetivo era acercar la exploración espacial a la gente común. Miles de escuelas en Estados Unidos y algunas en México organizaron actividades especiales para seguir el lanzamiento en vivo.

Ese día no pude ir a la escuela. Amanecí enfermo. Temprano mi mamá llevó a mis hermanas a clases y a mí a casa de mi abuelita China, a quien le tocó entrarle al quite para cuidarme. Recuerdo que estaba acostado en su cama, muy a mis anchas, viendo la televisión desde temprano y lamentando perderme el despegue junto a mis amigos. Aunque sabiéndome nieto único, al menos por unas horas, gozaba de esos pequeños privilegios con mi abuelita.

Los alumnos observaban las pantallas con emoción. Lo que debía convertirse en una celebración de la educación, la ciencia y el futuro terminó transformándose en una tragedia que nadie olvidaría.

A las 11:38 de la mañana el Challenger comenzó a elevarse entre fuego, humo y aplausos. Parecía un lanzamiento más de la era de los transbordadores espaciales. En ese tiempo era relativamente común verlos. Pero bastaron 73 segundos para que todo cambiara.

En la pantalla apareció una extraña nube en forma de dos enormes brazos blancos que se abrían sobre el cielo de Florida. Los comentaristas guardaron silencio por unos instantes. Nadie entendía exactamente qué estaba ocurriendo. Yo tampoco. El cielo acababa de quebrarse. Aquella “Y“que se dibujaba en el cielo azul de Florida se me quedó grabada para siempre.

Mientras observaba aquellas imágenes, las voces de la transmisión comenzaron a hablar de un posible accidente. Poco a poco la realidad se volvió imposible de ignorar. El Challenger acababa de desintegrarse frente a millones de espectadores.

Aquellos fabulosos transbordadores. Capaces de despegar con el impulso de algunos cohetes extra y retornar a la Tierra como si fueran un avión comercial. Lo que debía ser una de las jornadas más inspiradoras de la exploración espacial se había convertido en uno de sus días más tristes.

Ese día se perdieron siete vidas. Francis Scobee, comandante de la misión. Michael J. Smith, piloto. Judith Resnik, especialista de misión. Ellison Onizuka, especialista de misión. Ronald McNair, especialista de misión. Gregory Jarvis, especialista de carga útil. Y Christa McAuliffe, maestra de secundaria que estaba destinada a convertirse en la primera docente en impartir una clase desde el espacio. No fue posible.

Los restos del Challenger fueron recuperados poco a poco. También los restos de aquellos hombres y mujeres valientes. Tras el accidente, la NASA detuvo los vuelos de los transbordadores durante más de dos años. Se revisaron procedimientos, se rediseñaron componentes críticos y se replantearon muchos protocolos de seguridad. La tragedia dejó lecciones que aún hoy forman parte de la exploración espacial.

Cuarenta años después, viajar al espacio sigue siendo una actividad de alto riesgo. Cada lanzamiento representa un desafío tecnológico extraordinario. Sin embargo, miles de personas continúan dedicando su vida a explorar lo desconocido.

La exploración espacial siempre ha implicado peligro. Lo notable es que, una y otra vez, la curiosidad humana ha demostrado ser más grande que el miedo. Esa es una de las características más admirables de nuestra especie. Seguimos mirando hacia arriba. No ignoramos los riesgos, entendemos que explorar, descubrir y aprender también forma parte de lo que somos. (AFT)

Si te gustó esta cápsula también te puede interesar:

Laika: Un sacrificio presupuestado

Hubble: El telescopio que nació miope

Artemis III: Otro paso más a la Luna

Giordano Bruno: Cuando yo también imaginé otros mundos.

Cuando Paula descubrió a Fibonacci y la proporción áurea

El día que Darth Vader me contestó

Cassini: La muerte en Saturno

Despertar en el espacio

¿Ya Explotó Betelgeuse? La Supernova que Tal Vez ya Ocurrió

Marte: el único planeta habitado por robots

James Webb: ingeniería en origami

Perseverance: una palabra más fuerte que la gravedad

Amigos recuerden que ya están a la venta los boletos para la conferencia del Dr. Miguel Alcubierre "Más rápido que la luz" En el Teatro Isauro Martínez el 2 de octubre. 

¡Cualquier duda contáctenme!

Valoración: 5 estrellas
2 votos

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios