De la Manzana a las Estrellas: Isaac Newton

Publicado el 9 de julio de 2026, 01:31

Mis queridos Amigos de Newton, aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.

Hoy quiero invitarlos a conocer a uno de los mayores genios que ha pisado la Tierra. Un hombre que admiro profundamente y al cual hago referencia en todas las cápsulas. Su forma de pensar cambió para siempre nuestra comprensión del Universo. Lo más sorprendente es que gran parte de las ideas que revolucionaron la ciencia las desarrolló antes de cumplir 26 años. Su nombre era Isaac Newton y nació en la Navidad de 1642.

Entre los 22 y los 25 años, mientras una epidemia de peste obligó a cerrar la Universidad de Cambridge, Newton regresó a la casa de su familia en Woolsthorpe. Allí vivió lo que hoy se conoce como su “año maravilloso”. Durante ese periodo sentó las bases del cálculo, formuló las primeras ideas de la gravitación universal, comenzó a desarrollar las leyes del movimiento, demostró mediante experimentos con prismas que la luz blanca está formada por todos los colores del espectro y concibió el diseño del telescopio reflector.

Hasta entonces, el cielo y la Tierra parecían obedecer reglas distintas. Newton demostró que ambos formaban parte del mismo escenario cósmico. Con unas cuantas ecuaciones explicó el movimiento de los planetas, el comportamiento de los cometas, las mareas, hasta la caída de una simple manzana. De pronto, el Universo dejó de ser un conjunto de misterios aislados para convertirse en una inmensa maquinaria gobernada por leyes universales. Eso lo cambió todo.

Su obra culminó en 1687, cuando Edmond Halley alentó a Newton a publicar Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica, considerado por muchos el libro científico más importante de la historia. En él formuló las tres leyes del movimiento y la ley de la gravitación universal, estableciendo los cimientos de la física clásica durante más de dos siglos.

Newton no dedicó toda su vida únicamente a la ciencia. También pasó gran parte de su tiempo estudiando la Biblia y tratando de descifrar la fecha del Apocalipsis. Sus estudios bíblicos nunca lo llevaron a nada. También se obsesionó con encontrar la piedra filosofal. Newton tenía un ojo mirando la Edad Media y otro mirando hacia la Ilustración. Años después fue nombrado director de la Casa de la Moneda de Inglaterra. Lejos de ocupar un cargo meramente administrativo, persiguió personalmente a los falsificadores de monedas, reunió pruebas en su contra y llevó a varios de ellos ante la justicia. Era un tipo bastante duro y por lo que cuentan sus biógrafos. bastante difícil de tratar.

Es curioso pensar que el mismo hombre que descifró las leyes del Universo también combatía el crimen con el mismo rigor y la misma precisión con los que hacía ciencia.

Durante más de dos siglos, prácticamente toda la física descansó sobre las ideas de un solo hombre. Incluso hoy, cuando hablamos de satélites, cohetes, misiones espaciales o del movimiento de los planetas, los ingenieros y científicos siguen utilizando las leyes de Newton para describir la inmensa mayoría de los movimientos del Universo. Y de hecho, la unidad de fuerza lleva su nombre: un newton (N) es la fuerza que se necesita para acelerar una masa de 1 kg a 1 m/s². Una unidad elegante y sencilla, como todo su sistema.

Newton jamás dejó de maravillarse. Al final de su vida escribió una de las frases más hermosas de la historia de la ciencia. Este texto fue rescatado de una de las cartas que envió en sus últimos años de vida.

“No sé cómo pueda ser visto por el mundo, pero a mí me parece haber sido solamente un niño jugando en la orilla del mar, divirtiéndome al encontrar de vez en cuando un guijarro más liso o una concha más hermosa que las comunes, mientras el gran océano de la verdad permanecía sin descubrir ante mí.”

Cuanto más aprendemos sobre el Universo, más grande se vuelve esa playa y más pequeños nos sentimos. La verdadera grandeza de Newton no estuvo en creer que había conquistado el océano, sino en conservar hasta el final la curiosidad y la humildad de ese niño que nunca dejó de buscar la siguiente conchita de mar.

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