La señal Wow! y el sueño de no estar solos

Publicado el 11 de julio de 2026, 20:47

Mis queridos amigos de Newton.
Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.

Cuando hablamos de exploración espacial lo primero que pensamos es en cohetes, astronautas y sondas viajando hacia otros mundos. Pero existe otra forma de explorar el cosmos: escuchar al inconmensurable Universo.

Mientras nosotros seguimos con nuestra rutina cotidiana, enormes radiotelescopios permanecen apuntando sus oídos al cielo día y noche, tratando de detectar una señal de radio que pudiera tener un origen artificial.

La cantidad de información que generan estos instrumentos es simplemente gigantesca. Es un verdadero tsunami de datos. Tan grande que los científicos no alcanzan a analizarlo todo en tiempo real. De hecho, en más de una ocasión algún descubrimiento importante ha aparecido años después de que los datos fueron registrados.

En 1999 nació una idea brillante llamada SETI@home. Era un programa que muchos descargamos con la esperanza de ayudar a la exploración espacial. Era un protector de pantalla que, cuando la computadora quedaba inactiva, descargaba pequeños paquetes de datos provenientes de radiotelescopios y los analizaba automáticamente en busca de patrones que pudieran indicar una posible señal inteligente. Una gran idea para ese momento. Recuerdo cuando lo descargué emocionado, pensando en mi pequeña contribución a la ciencia.

En ese tiempo mi computadora se conectaba por módem telefónico. De esos que parecían hablar el idioma de RT-D2 de Star Wars mientras negociaban la conexión a Internet. Si alguien descolgaba el teléfono de la casa, la conexión se caía inmediatamente. Todavía recuerdo a mi hermana gritándome que colgara porque quería hacer una llamada. Así que muchas veces esperaba hasta muy noche para conectarme y que no me reclamara.

Esa fue mi pequeña contribución a la búsqueda de vida inteligente fuera de la Tierra. Confieso que en el fondo soñaba con que mi computadora fuera la primera en encontrar una nueva señal extraordinaria. Una señal como la famosa Señal Wow. Y esa es precisamente la historia que quiero contarles.

Imaginen que están trabajando una noche cualquiera, revisando interminables hojas llenas de números impresos por una computadora. De pronto, entre millones de datos completamente normales, aparece algo tan extraño que lo único que se les ocurre hacer es tomar una pluma roja, rodearlo con un círculo y escribir ¡Wow! Así nació el nombre de una de las mayores incógnitas de la astronomía.

El 15 de agosto de 1977, el radiotelescopio Big Ear, de la Universidad Estatal de Ohio, detectó una intensa señal de radio proveniente de la constelación de Sagitario. Duró apenas 72 segundos, exactamente el tiempo que ese radiotelescopio tardaba en escuchar un punto del cielo mientras la Tierra giraba.

Lo sorprendente no fue solo su intensidad. Era una señal que podríamos esperar de un transmisor artificial. El astrónomo Jerry Ehman era quien revisaba las impresiones de la computadora cuando encontró la famosa secuencia de caracteres 6EQUJ5. Esas letras representaban la intensidad de la señal. Era muchísimo más fuerte que el ruido de fondo habitual. Desde entonces se le conoce como la señal Wow!

La pregunta se formuló ¿Podría ser un mensaje de una civilización extraterrestre? La respuesta más honesta es que no lo sabemos. Durante casi cincuenta años, numerosos radiotelescopios han vuelto a apuntar hacia la misma región del cielo. Nunca han vuelto a detectar esa señal.

Se han propuesto muchas explicaciones, podría ser una emisión natural desconocida, una interferencia terrestre, el reflejo de una señal o incluso una nube de hidrógeno asociada a un cometa. Sin embargo, ninguna explicación ha logrado convencer por completo a toda la comunidad científica.

La señal Wow! no demuestra que exista vida inteligente fuera de la Tierra, pero tampoco la descarta. Es uno de esos misterios que nos recuerdan cuánto nos falta por conocer del Universo.

Esperemos que algún día un radiotelescopio detecte una señal que se repita una y otra vez, desde el mismo lugar del cielo, con un patrón imposible de explicar mediante fenómenos naturales. Ese día ya no nos emocionará escribir “¡Wow!” al margen de una hoja de papel. Ese día habremos respondido una de las preguntas más antiguas de la humanidad, si estamos solos en el Universo. Ese será uno de los días más importantes de toda la historia de nuestra especie.

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