Mis queridos Amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.
Siempre me gustó escuchar la música de Mecano. Los conocí gracias a mi tío Ricardo Trasfí durante un viaje familiar cuando yo era niño. Íbamos por carretera y nos sorprendió la noche. Aquella noche sin Luna solo estaba iluminada por las luces delanteras del carro. Cambió el cassette y comenzó a sonar No es serio este cementerio. La oscuridad del camino, la voz de Ana Torroja y la atmósfera casi irreal que tiene esa canción de Nacho y José María Cano hicieron que ese momento se me quedara grabado.
Desde entonces sigo escuchando a Mecano y sus canciones forman parte de mi playlist. Entre ellas hay una que siempre me llamó la atención: Aire. Gracias a esa canción aprendí que el aire que respiramos está formado principalmente por oxígeno, nitrógeno y argón. Tiempo después, confirmé que la letra no estaba equivocada.
El aire que respiramos está compuesto aproximadamente por 78 % de nitrógeno, 21 % de oxígeno y 0.93 % de argón. El pequeño porcentaje restante corresponde a otros gases, como dióxido de carbono, neón, helio, metano, hidrógeno y vapor de agua.
Algo tan cotidiano como respirar es posible gracias a esa mezcla de gases extraordinariamente estable. Sin ese delicado equilibrio, la vida en la Tierra simplemente no existiría.
Hubo momentos en la historia de la Tierra en los que la composición del aire varió, y esos cambios tuvieron consecuencias muy grandes para la vida.
En el período Carbonífero las concentraciones de oxígeno se calculan entre 30% y 35% lo que favoreció al crecimiento de los insectos. Había libélulas del tamaño de un águila. Luego volvió a bajar la concentración de oxígeno y esos insectos desaparecieron.
Es asombroso cómo la composición atmosférica es una variable clave en la historia de la vida. Cambios en las concentraciones del dióxido de carbono, del oxígeno y del metano han impulsado extinciones, glaciaciones y cambios evolutivos.
Por eso, cuando se trata de recrear aire respirable en las naves espaciales se compone de 79% de nitrógeno y 21% de oxígeno.El argón es innecesario. En el programa Apolo 1 se utilizó oxigeno casi puro. Esa decisión contribuyó al infame accidente donde murieron quemados 3 astronautas durante una prueba en Tierra.
Aunque solemos creer que respiramos más oxígeno, el gas que más respiramos es el nitrógeno. Hay un dato sorprendente. De cada 100 inhalaciones, unas 78 partes son nitrógeno, que no participa en el metabolismo. El verdadero protagonista es ese 21 % de oxígeno, suficiente para sostener la vida compleja del planeta. Por cierto. Hay otro dato sorprendente. Nuestro planeta también respira. Ese tema lo dejamos para otra cápsula.
Respirar parece el acto más sencillo del mundo. Pero detrás de cada respiro existe un equilibrio químico que la Tierra tardó miles de millones de años en construir. Ese es uno de los milagros invisibles del Universo.
No olvides pasear tus ojos por: Archivo de luz: Galería estelar
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Comentarios
James Lovelock y Lynn Margulis hablan de la tierra como un ser vivo, Gaia. Proponen que cuando los primeros organismos fotosintéticos se expandieron por toda la tierra, la acumulación de oxígeno libre puso en riesgo la existencia de la vida. Sucede que para mayoría de los microbios anaerobios que existían entonces el oxígeno era un gas tóxico y mortal, estiman que al rededor del 80% de los seres vivos se extinguieron. Pero como comúnmente pasa, la desventaja de unos fue ventaja de otros. Los organismos que podían respirar oxígeno proliferaron, tanto por la abundancia de este elemento como porque la respiración aeróbica libera mucha más energía y es más eficiente que la anaeróbica.
Gracias, Cuñadre, por complementar la cápsula. Así es. La vida se da el lujo de utilizar el método de ¨prueba y error¨ para encontrar los diseños biológicos más eficientes. Esa ha sido nuestra historia. Abrazo grande.