Selfie con la Voyager

Publicado el 19 de agosto de 2026, 10:54



Mis queridos Amigos de Newton. Aquí su astrofísico de cabecera reportando las noticias que sí importan.

Siempre me ha gustado viajar.
De niño había ocasiones en que iniciábamos nuestras vacaciones de madrugada. Mis papás nos despertaban temprano y ahí comenzaban las aventuras familiares. Otras veces salíamos por la noche. Esas me encantaban: viajar mientras veía el cielo por la ventana del carro. Ese tapiz negro, lleno de luces inalcanzables.

Aún disfruto viajar de noche, aunque hoy hacerlo por las carreteras de México puede sentirse como jugar a la ruleta rusa.

En 2019 tuve la oportunidad de visitar Washington D.C. con Paola, mi esposa. Dentro de nuestra lista de lugares por conocer estaba el Museo Nacional del Aire y el Espacio de Estados Unidos.

Un lugar sorprendente. Entre sus salas guarda, silenciosamente, buena parte de la historia de nuestra curiosidad convertida en tecnología. Ese día toqué la Luna. Y es que, entre las maravillas que guarda el museo existe un pedazo de roca lunar accesible a los visitantes. Lo puedes tocar. Un pedazo de piedra que viajó, por obra humana, más de 350,000 kilómetros a través del vacío para terminar al alcance de tu mano.

Para mí, después de haber pasado tantas noches desvelándome simplemente contemplando la Luna, tocar un pedazo de ella fue una experiencia mágica. Estados Unidos exhibe las piedras que trajo de la Luna. A unos metros, la Unión Soviética dejó el traje con el que soñaba caminar sobre ella.

Ahí también se exhibe el Wright Flyer de 1903, el avión de los hermanos Wright. Una joya que representa aquellos primeros intentos por despegar nuestros pies del suelo y comenzar el sueño de conquistar el cielo.

También se encuentra el Columbia, módulo de mando de la emblemática misión Apollo 11. Y, por supuesto, el traje espacial de Neil Armstrong. 

El museo alberga además maquetas y modelos de sondas, satélites, telescopios y otras máquinas que hemos construido para explorar el espacio. Cuando la NASA desarrolla algunos de estos equipos, también construyen modelos para realizar pruebas y entrenamientos. Entre ellos pude ver una representación del Telescopio Espacial Hubble, que ya les presenté en Hubble: El telescopio que nació miope. Entre todas aquellas maravillas encontré a una de mis favoritas. Mi querida Voyager.

Esa máquina que dejó la Tierra en 1977 para explorar el Sistema Solar; que visitó mundos que hasta entonces apenas conocíamos como pequeños puntos de luz; que fotografió gigantes gaseosos, sus anillos y lunas. Casi cincuenta años después, todavía sigue comunicándose con nosotros.

Para mí, Voyager es una auténtica rockstar de la exploración espacial. Y como fan y admirador suyo, no pude evitar robarle una selfie junto a su famoso Disco de Oro.

Yo estaba de viaje en Washington. Ella llevaba viajando desde 1977. El próximo 18 de noviembre, Voyager 1 alcanzará otro hito extraordinario: estará a un día-luz de la Tierra. Es decir, una señal viajando a 300,000 kilómetros por segundo necesitará veinticuatro horas para recorrer la distancia que nos separará de ella. Eso también se los comenté en Voyager 1: A casi un día luz de distancia. Un día entero viajando a la velocidad de la luz. Y Voyager seguirá adelante.

Algún día dejaremos de escucharla. Sus instrumentos se apagarán y ya no podrá enviarnos ninguna señal. Pero continuará su viaje silencioso por la galaxia durante millones de años.

Quizá algún día pase cerca de otra estrella. Quizá nunca se encuentre con nadie. O quizá, quién sabe, termine cumpliendo accidentalmente su última misión.

Encontrar inteligencia que también mire hacia las estrellas y se pregunte si está sola en este hermoso océano cósmico.

Buen viaje, Voyager.

Entenderlo no lo hace menos mágico.

No olvides pasear tus ojos por: Archivo de luz: Galería estelar

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Amigos ya pueden conseguir los boletos para la conferencia del Dr. Miguel Alcubierre "Más rápido que la luz" que será en el Teatro Isauro Martínez el 2 de octubre.

Puedes encontrarlos con mis amigos Los adictivosDeliflor y Canacintra Gomez Palacio.


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